Como un río que fluye, sin poder evitarlo, limando el cauce
que a su vez le guía.
Como animales caminando sin conciencia de su ser.
Como serpientes que, mudando la piel, renacen, las mismas,
diferentes, las mismas.
En el silencio, en el destierro se oye el fluir del agua y
risas y ausencias y el fluir inconsciente del agua que no sabe a donde va.
Mil vidas en una, la misma mil veces vivida una y otra vez,
irremediable, imparable, una y otra vez.
Viajar y volver de una vida a otra o a la misma, como
un río siempre igual, siempre distinto,
fluyendo.
Se oyen jirones al caer y flores al renacer y gritan las puertas abiertas y el animal
caminando sin conciencia de su ser.
Esta armonía ensordecedora acuna el sueño inquieto del
viajero que sueña despierto....

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